Migración y remesas en la globalización

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LA MIGRACIÓN Y LAS REMESAS EN EL CONTEXTO DE LA GLOBALIZACIÓN


GERARDO GONZÁLEZ CHÁVEZ
(Investigador y coordinador de la
Unidad de Economía del Trabajo y la Tecnología del IIEc-UNAM

Introducción
La migración se debe analizar a partir del desarrollo del mercado mundial capitalista dominado por las empresas transnacionales que establecen las condiciones necesarias para su funcionamiento. En este sentido, la migración y su control constituyen un reto de la política neoliberal, principalmente para los países receptores; más aún si se toma en cuenta que en su mayor parte se realiza de manera ilegal o indocumentada. Si bien es cierto que la migración poblacional es un fenómeno milenario, en los últimos treinta años ha adquirido dimensiones alarmantes. De acuerdo con el informe de la Organización Internacional para la Migración (OIM) el número de migrantes en el mundo se duplicó entre 1965 y 2000, de 75 millones a 150 millones(1), y sigue en aumento al llegar a 190 millones de personas en el 2005, lo cual corresponde a un crecimiento anual de 1.3% de personas en el mundo que viven fuera de su lugar de nacimiento. En los primeros años Estados Unidos y Rusia figuran como los principales países receptores con 35 y 9 millones respectivamente; tendencia que, al parecer, continúa hasta la actualidad.

Países receptores de migrantes
El desarrollo económico de los países receptores se ve favorecido tanto desde la perspectiva de la generación de riqueza por el fortalecimiento de su mercado interno, como por el incremento competitivo de la fuerza de trabajo, ya que se establece con más facilidad la flexibilidad del trabajo: sueldos menores, jornadas de trabajo más largas, eliminación de prestaciones sociales, y graves violaciones a los derechos laborales fundamentales, además de influir en la regulación del costo laboral de los trabajadores nativos.

Países exportadores de migrantes
Por su lado, los países exportadores de fuerza de trabajo utilizan el tránsito de fuerza laboral como una válvula de escape para el desempleo, además de la creciente importancia de los ingresos por remesas que reciben de esos trabajadores. Estos recursos ayudan a suavizar el problema del combate a la pobreza y a la regulación de los desequilibrios de la balanza de pagos.
     México se sitúa a la cabeza de los países de América Latina emisores de migrantes —legales e indocumentados— hacía Estados Unidos, seguido por Brasil, El Salvador, República Dominicana y Jamaica. Los migrantes son jóvenes en plenitud productiva, entre 15 y 44 años, con escolaridad superior a los 10 grados y mayor(2), quienes se incorporan en el sostenimiento de diversas actividades económicas en Norteamérica con un costo laboral muy bajo.

El fenómeno de la migración
Por lo regular, el tema de la migración se deja fuera en las negociaciones binacionales de liberalización del mercado, limitándose al control, cuando no al combate de los flujos migratorios (restricciones de tránsito y tiempo de permanencia que incluye la construcción de muros fronterizos). Lejos de frenar la migración, lo que logran estas medidas es aumentar el riesgo para los trabajadores; además, la militarización de la frontera, los sentimientos xenofóbicos por parte de la población local (agravados por los ataques terroristas del año 2001) y las restricciones administrativas como el manejo y vigilancia de visas deterioran aún más las condiciones laborales. Esta situación favorece el surgimiento y desarrollo de empresas de migración clandestina, que mueven muchos millones de dólares al año y cuyo negocio aumenta en proporción directa con el fortalecimiento de las políticas antinmigrantes.
     El aumento de elementos armados de la patrulla fronteriza, la sofisticación de los sistemas informativos de inteligencia, además de la aplicación de programas de registro y control de inmigrantes tales como el Sistema Computarizado de Scanner Biométrico (IDENT) han contribuido a crear un clima de restricción y persecución incompatible con la importancia económica que representa este grupo de trabajadores para Estados Unidos. Las condiciones de paso en la frontera de México con Estados Unidos resultan peligrosas en extremo, tanto por la vigilancia y restricción por medios violentos, como por las difíciles características geográficas de la región. Cada año se aprehende a más de un millón de personas (979 mil 101 en 1994 y un millón 643 mil 679 en 2000). Tan sólo en el 2004 murieron 499 mexicanos, en su mayoría por las condiciones adversas del ambiente [Castles, 2004: 21,186]. Pese a ello, el paso de indocumentados mexicanos a los Estados Unidos va en ascenso: mientras en 1970 se tenían registrados 7 millones 597 mil 511 mexicanos con un flujo de 30 mil personas anuales, para los noventa el flujo migratorio alcanzó las 300 mil personas(3), por lo que en 2006 se calculan alrededor de 28 millones de mexicanos en Estados Unidos. En los últimos seis años han salido un promedio de 500 mil trabajadores anuales, lo que significaría que en este sexenio emigraron más de 3 millones de mexicanos.
     Los estados que han aportado la mayor cantidad de trabajadores a Estados Unidos son: Aguascalientes, Colima, Durango, Guanajuato, Jalisco, Michoacán, Nayarit, San Luis Potosí y Zacatecas, aunque últimamente se ha incorporado el Distrito Federal como un importante emisor de fuerza de trabajo (Conapo, 2004).
     De esta manera se propician importantes cambios en la economía regional mexicana: desplazamiento de la actividad agropecuaria, nuevas formas de mercado interno, cambios en la estructura demográfica (predominio de la población femenina, infantil y de la tercera edad), así como la presencia cada vez más común de los “pueblos fantasma”.

Las remesas
Desde la perspectiva económica, las remesas significan un importante porcentaje del ingreso nacional (2.5% del PIB nacional en 2005) que crece con el aumento de la migración, sobre todo a partir de la década de los noventa cuando se registró un crecimiento anual del 10%. Otro factor que explica el incremento de las remesas es la innovación tecnológica y la bancarización de esos recursos, pues ello abarató el costo del envío un 52% entre 1999 y 2004. De acuerdo con los datos del Banco de México, los 2 mil 494 millones de dólares que se recibieron por concepto de remesas en 1990 pasaron a 3 mil 672 millones en 1995, 6 mil 572 millones en 2000 y más de 20 mil millones de dólares en 2005. En términos comparativos, significan 80% de las exportaciones petroleras y más de 70% del superávit de la balanza comercial de maquilas, además de superar el 40% de los ingresos por turismo y superar al ingreso por inversión extranjera directa (IED).
     La derrama de beneficios por concepto de remesas empieza en la familia que los recibe, la cual en promedio utiliza 78% en gasto corriente para la satisfacción de necesidades básicas, adquisición de bienes duraderos, compra y mejora de vivienda y destina un pequeño porcentaje para el ahorro y la llamada inversión productiva; además, la mayor parte de estos recursos termina filtrándose fuera del país en forma de demanda de materias primas y bienes importados para satisfacer el crecimiento del consumo.
     Por otro lado, son grandes beneficiados del proceso los organizadores de los movimientos migratorios: ya sean agentes de viajes, reclutadores, intérpretes y agentes de alojamiento de la migración legal, o los abogados, “coyotes” o “polleros” de la inmigración ilegal. Asimismo, el sistema financiero internacional que sirve de intermediario en los envíos de dinero obtiene enormes ganancias pues, a pesar de que han reducido un poco sus comisiones, se distinguen por las elevadas utilidades que cobran en el marco de la ausencia de una regulación en la materia. Finalmente, no debemos de perder de vista que los empresarios estadounidenses son los beneficiados directos de la explotación de los trabajadores migrantes, lo que redunda en el crecimiento de la economía de ese país.

Conclusión
Así las cosas, la fuerza de trabajo seguirá fluyendo mientras la economía mexicana no crezca y ni se dinamice el mercado interno para generar los puestos de trabajo que se demandan anualmente. Si el Estado mexicano no modifica estas condiciones para promover el mercado interno mediante el fortalecimiento del empleo y la masa salarial, en el mediano y el largo plazo se producirán desequilibrios importantes en la economía nacional y seguirá la salida de trabajadores a pesar de todas la leyes antinmigrantes, la vigilancia extrema o la construcción de bardas.

Referencias
1/ Castles, Stephen y Mark J. Miller (2004), La era de la migración. Movimientos internacionales en el mundo moderno, Universidad Autónoma de Zacatecas, Secretaría de Gobernación, Instituto Nacional de Migración, Fundación Colosio y Editorial Porrúa, p. 15.
2/ Consejo Nacional de Población (2004), La nueva era de las migraciones. Características de la migración internacional en México, México, Conapo, 110 pp.
3/ Consejo Nacional de Población (1997) La situación demográfica de México, 1997, México, Conapo, p. 33 y La situación demográfica de México, 2000, Conapo, México, p. 221.

 

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Created by louis
Last modified 2006-10-24 12:43
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